Como coaches y consultores de negocios nuestra labor implica estar en los momentos clave de la dinámica organizacional, quizá el espacio más relevante es el de las reuniones, ya que hace evidente la dinámica entre los equipos, el estilo de liderazgo, múltiples formas de comunicación y los valores que se viven.

Nosotros y otros grupos de coaches nos topamos constantemente con el particular caso del líder o CEO que nos contrata para resolver temas de comunicación en el equipo, pero que al final termina siendo un problema del líder, por ser él quien abarca todos los espacios de diálogo e interacción, a este líder lo denominamos el “Jefe Parlotero”.

¿Cómo es un Jefe Parlotero?

Al “Jefe Parlotero” se ha ganado estas dos palabras, la de jefe, porque tiende a ser muy directivo, utiliza el lenguaje para mandar y sermonear, habla desde su único y particular punto de vista, la poca escucha que tiene de los demás es superficial, no acepta la legitimidad del punto de vista de otros, interrumpe constantemente y siempre se basa en el “deber ser”. Al decir que es “Parolotero” es por que inunda el salón con sus palabras, habla hasta el cansancio y se pierde en su discurso, sus mensajes constantemente se contradicen y prácticamente el 80% de la conversación estuvo en él.

¿Qué se puede hacer con el líder “Parlotero”?

De entrada, hay que entender que detrás de estos líderes hay intensiones nobles por guiar al equipo, sin embargo, necesitan otro estilo de comunicación, para comenzar su transformación se inicia por hacerle ver el impacto de su comunicación y seguir con los siguientes puntos:

  • Estructurar las juntas. Implica darle forma a la reunión, tiempos, acciones definidas como un inicio, desarrollo y cierre productivo. Invitar al líder a seguir la estructura de la reunión donde su participación sea del 20% al 30%.
  • Diseñar el estado de ánimo. Toda reunión requiere de un estado de ánimo propicio a la conversación, el líder debe iniciar por generar confianza, empatía y libertad por conversar, sólo así es posible dialogar sobre el tema y ser objetivos.
  • Entrenarse en habilidades de comunicación. Es posible adoptar nuevas formas para la escucha en tercera dimensión (forma, fondo e interpretación del mensaje), así como, hablar con un lenguaje influyente, es decir, elegir las palabras y ordenar el lenguaje para lograr el impacto deseado.
  • Callar y dejar que hablen. Esta acción implica un reto para ellos, consiste en aprender a dejar que los equipos desarrollen sus líneas de comunicación, se coordinen a su propio estilo y solucionen temas de manera efectiva, sin que sea tan necesaria su intervención.

Mediante un correcto entrenamiento, “el Líder Parlotero”, puede llegar a ser un “Líder de Conversación” cuyas cualidades son; mediar la conversación para lograr acuerdos, escuchar, entender y sobre todo tener la paciencia para dejar que los demás, mediante el lenguaje se entiendan y coordinen. No todas las pláticas iniciales serán tan “excelsas”, al contrario, pueden llegar a ser torpes y sin sentido, pero así es el inicio de una plática más madura.

En múltiples ocasiones el problema no es la comunicación, si no la falta de redes conversacionales y de coordinación.

 

Por David Maldonado Carbajal

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